Mi musa se llama Memery.
No es una persona ni un lugar.
De hecho, no sé por qué le puse nombre.
Quizá quise plasmar de forma comprensible aquella sensación que lleva a la inspiración. Y si bien poner nombre limita lo nombrado, también lo hace real.
Memery es real.
Es una conversación con tus amigos.
Es un café a media tarde.
Es una terraza al sol.
Es ese momento en el sofá previo a la siesta.
Son todos esos momentos que te definen como persona, quién dicen quién eres.
Memery eres tú.
